De libros y ocurrencias, Yo

El mordisco de la magdalena

La memoria tiene tantos recursos para hacerse presente… a veces basta un sabor, un perfume. Y cae como avalancha sobre la mente, llenándo de sensaciones, de olvidados momentos sin tiempo, imágenes no editadasy frases hasta inventadas, tanto agradables como sobrecogedores para la psique. ¿Hasta cuándo se esconden los recuerdos intocables en años, que con un toque impensable se aparecen tan frescos e inocentes? ¿Qué tan fieles vuelven?

Aquel Proust tan evocador, buscando lo imperdible, con las que si quedaron como inolvidables para la posteridad: sus magdalenas.

«… Me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba….»
Marcel Proust
En busca del tiempo perdido

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