Ensayo, Yo

A propósito de festejar la vida

Hay quienes no celebran un año más de vida, por no querer ser centro de atención, por no creer tener nada particular que festejar, por no darse la importancia, por no querer simplemente. Celebrar años de vida para mi, significa en términos realistas, celebrar también el resto de vida que nos queda. Sin embargo es la fiesta anual en la que se puede hacer recuento de la fortuna, buena o mala, de que fuimos dueños durante tantos días.

Al mirar las expresiones de esos niños en ese libro -obsequio de cumpleaños de quien en lo esencial me conoce- comprendo lo que significa disfrutar la vida, que es posible aún en las más precarias y deprimentes condiciones, con la esperanza como único objeto para aferrarse. Esos ojos de niño que al paso del tiempo convierten la inocencia y prejuicio y la esperanza en angustia.

Yo celebro, a mi modo, lo aprendido en éste, uno de los años más largos, más llenos de vicisitudes, de risas y de tristezas, de decepciones, de sorpresas, de gente nueva, de reencuentros con amigos, de abrazos, de compartir reflexiones, del esfuerzo de mi gente por verme sonreír. Celebro a los personajes importantes; a mi familia hermosa, gente tan amable y agradable, con sus risas y sus bromas, siempre con una palabra y un abrazo disponibles; a quien quiso regalarme la felicidad al despedirse y se quedó con esa tristeza que siempre intenté ahuyentar; a los me han regalado tiempo, palabras y sonrisas, que me han compartido planes y viajes y horas por teléfono o mensajes aún a miles de kilómetros de distancia; esas nuevas caras, esas nuevas risas, esos nuevos sueños y esos viejos sueños, los encuentros y las despedidas.

Como Lorena que me dice, año con año al preguntar cuántos años cumplí: “¡qué hermosa edad!”, con tanta energía y optimismo de quien estudia tanatología, y al mirar sus intensos ojos verdes, recuerdo todo lo que me queda por vivir. Con ese afán mío, descubierto hace tantos años por Omar al decirme una y otra vez que parece que me quiero comer el mundo a mordidas, no dejo oportunidad para evitar aprender, en el tiempo del que a veces carezco; sea lo que amo de la fotografía; o lo que disfruto enormemente de bailar salsa; lo que me sorprende del cerebro humano o hasta el aguantarme la tristeza y olvidarme de cualsea un problema moral y ético de ver morir ante mis ojos esos animalitos que ayudan a la ciencia. El no querer dejar nada que pueda hacer, eso me hace vivir.

Para mi eso es festejar mi vida y en lo que se ha convertido este último año. Caras nuevas, corazones descubiertos, deshechar lo negativo, lo triste, lo preocupante y valorar la salud, el amor, la familia, la amistad, el trabajo, las palabras… que construyen mundos y milagros.

Por supuesto sin olvidar lo dicho por mi mejor amigo, “lo que se arruga es el cuerpo, no el corazón”.

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