De libros y ocurrencias

Soledades compartidas

¿Qué rasgos comunes pueden existir entre una mujer en edad madura y otra en la tercerda edad? cuando aquella vive en el lujo, viuda, guapa, sin hijos, dedicada a su empleo en una revista de temas tan banales como la moda, viajes, fiestas, ropa de marca y exquisitos baños diarios en espuma para reposar lo agitado del día… mientras que la dama anciana vive en la precariedad, en una minúscula casa vieja, sucia y olvidada; sobrevive de su pensión, con la fuerza mínima para levantarse todos los días y poder alimentar a su gato y a ella misma.

¿Qué puede unir a este desigual par? ¿La compasión? ¿la pena? ¿la responsabilidad moral o social? …¿la soledad? Por circunstancias triviales y casuales la una entra de súbito en la vida de la otra. Sin que ninguna lo desee o lo planee y sin querer después evitarlo. Este es el tema del «Diario de una buena vecina» de Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura 2007.

Janna decide por primera vez en su vida hacerse responsable, pensar en alguien más que en sí misma, olvidar el egoísmo y el qué dirán cuando sale de aquella habitación maloliente y sucia a buscar leña para su amiga. Escribe todo en este diario, día tras día. Olvida la insistente pregunta de Maudie de saber si lo hace por el dinero que se les paga a esas mujeres llamadas «buenas vecinas» que se encargan de cuidar ancianos, como si ella necesitara el dinero… Olvida las maneras de la anciana, siempre con esa profunda actitud de orgullo, para pedir hasta su compañía, de forma desdeñosa. Siente que debe cuidarla, como no cuidó ni a su propia madre agonizante, la remuerde el recuerdo de haber dejado pasar apenas unos días sin visitarla y piensa cómo se las arreglaba antes que ella apareciera. Piensa en cuántos ancianos viven así. Y sin embargo vuelve siempre, a escuchar sus quejidos, a escucharle compartir sus historias de cuando era niña y vivía para jugar y comer comida deliciosa, o de cuando fue sombrerera y sus sombreros eran los más hermosos porque tenía una memoria y habilidad increíbles. Comparte la tristeza de Maudie al recordar a su hijo, arrebatado desde pequeño y el abandono de quien fuera su esposo. Ambas comparten el tema, la una, con un esposo mayor, muerto ya, que nunca le significó gran personaje, y la otra, con un esposo permanentemente irresponsable y ausente.

Comparten además, soledad. Aquella, dejando las carencias emocionales remojadas en su baño de tina aromatizado y la otra, sumiendo en sus sueños inquietos y helados las memorias de sus mejores años. Ambas compartiendo un pedazo de vida, una amistad que cambia su existencia para siempre.

Una novela estremecedora, a la vez tierna y dura, pero siempre realista, de lo que significa vivir para un anciano, cuando todos se han ido y no quedan más que huesos frágiles, carencias y recuerdos.

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