De libros y ocurrencias, Yo

Viaje

Seda (Alessandro Baricco) es un escrito, que dicho por el mismo autor, no es novela, no es cuento. No es historia de amor, ni de aventuras. Es una mezcla de sucesos narrada delicadamente en la que se viaja mientras en la mente se van dibujando personajes y lugares.
La historia de un hombre que vive viendo pasar su vida “como uno ve la lluvia”. Que viaja la tercera parte del año al otro lado del mundo para comprar huevos de gusanos de seda, materia con la que enriquece su existencia y mantiene a su pueblo.

Las circunstancias lo obligan a ir más lejos, hasta “el fin del mundo”, al Japón. E inicia un viaje del que nunca regresa. Un viaje a la nostalgia de aquello que nunca vivió, que nunca fue, que nunca será. Entra en una cultura en la que encuentra que la mujer es vista y tratada como objeto, como una posesión que engalana a quien la disfruta cual animal exótico.

Encuentra unos ojos mudos que llenan su vida de sentido, de curiosidad, de misterio. Lo retan a arriesgar todo por lo que vivió y lo seducen hasta olvidarse de sí mismo. Finalmente vive. Aunque sea de una ilusión, de la pasión imposible, aunque sea de la melancolía.

Una historia tristísima, que pasa como la misma seda, que no se siente y parece estar contada en precisas y contadas palabras. Una historia que da vértigo, quizás disgusto y la misma nostalgia con que el personaje sobrevive en las últimas páginas, causa pesadumbre evidenciando la existencia inútil que da el vivir por vivir y la desesperanza de vivir por algo que nunca fue y tampoco volverá.

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