Ensayo, Mi desvarío

El arte de hacer ciencia

Tal como un pintor sentado frente a un lienzo en blanco, el científico, apostado frente a su objeto de estudio cualquiera que éste sea- acumula ideas, preguntas, motivos.

Como un músico virtuoso, el científico se debe a un talento con el que nace o que desarrolla cambiándole el nombre por disciplina.

Como un ágil bailarín, se inclina por éste o aquel ritmo-tema, por gusto, por motivación, por pasión.

El investigador científico necesita una fe de hierro que le permita insistir una y otra vez, aún cuando sus fracasos-caídas sean dolorosas.

Cincel en mano, rodea su objeto de estudio, lo observa, lo mide. Sólo en su mente existe la forma, lo que intuye que surgirá tras un largo trabajo.

No es tarea fácil tratar de hacer ciencia, ni cualquiera puede llamarse científico. Es imprescindible enamorarse de su obra, idear y ¡aprender! distintos modos de aproximarse a él, procurando una nueva mirada permanente. El quehacer de un investigador que se dedica a la ciencia, es precisamente recorrer el mismo camino de esfuerzo, dedicación y tropiezos de un artista, con el objetivo de lograr algo que realmente trascienda.

Y tal como cualquier otro arte, la práctica constante es obligada. De igual modo, el abandonarla por un tiempo requerirá comenzar de nuevo hasta recobrar el gusto y la destreza.

Disciplina, entrega, creatividad, paciencia, pasión. ¿No es el hacer ciencia un complejo arte?

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