Crónica

Más en Dios que en el psiquiatra

[Ejercicio del taller de Periodismo y literatura de la Escuela de escritores de la SOGEM]

Era una casa semivacía en una colonia de Iztapalapa, en la calle caminaban niños con sus madres al salir de la escuela. Nos recibió Ismael, un joven de veintitantos años y la única persona dentro de la casa. Nos dirigimos casi de inmediato a las escaleras. No había nada que ver en la planta baja y el objetivo de la visita era mostrarme la habitación en la que, según Mario me había contado, se realizaban actividades del cuarto y quinto pasos de Alcóholicos Anónimos. Mario era un padrino, sobrio desde hacía algunos años.

La habitación estaba en la planta alta, y era más grande y más obscura de lo que imaginaba. El piso tenía grava, en la pared del fondo había una figura imponente de Cristo crucificado y nada más. Mario esperó afuera, me pidió que no tomara fotos. El ambiente denso, encerrado, pesado, me permitió permanecer poco tiempo. Reproduje en mi mente las escenas que él me había contado que sucedían continuamente ahí, en donde, con arrepentimiento, quienes entraban buscaban perdón por actos cometidos bajo la influencia de sustancias. Después seguía la excursión a un lugar apartado de la ciudad; ahí, ante la provocación violenta de varios días, no eran pocos quienes aseguraban tener visiones divinas, y lamentar con vergüenza su condición humana. Él mismo había tenido una revelación.

Al bajar, Ismael accedió a contarme sobre su sobriedad y su adoración a la Santa Muerte. Ella es mi niña, me ha ayudado a salir de las drogas, dijo con fervor. Esto se podría decir que es mi amuleto, me mostró un libro rojo que yo no podía tocar. Colocó el libro sobre el asiento de una silla para que lo fotografiara y después, con mayor confianza, me mostró la figura de su niña tatuada en toda la espalda. Más tarde Mario,me diría que aquel joven de mirada tranquila, era uno de tantos que habían cometido asesinato.

Salí de la casa con más preguntas que respuestas. El cuarto paso de AA implica hacer un inventario moral de sí mismo sin temor, y el quinto, admitir ante Dios, ante sí mismo y ante otro ser humano, la naturaleza de los defectos propios.

La raíz de las adicciones tiene muchas caras, uno de los factores de riesgo es la predisposición a los trastornos mentales, lo cual convierte a la adicción en un trastorno dual. El trasfondo de la adicción en muchos pacientes podría ser la depresión o la ansiedad no tratadas o en casos más graves, los trastornos afectivos como el trastorno bipolar, el trastorno esquizoafectivo, el trastorno límite de la personalidad. Identificar las causas y tratar los síntomas es factible con trabajo terapéutico y fármacos. Sin embargo, los métodos utilizados en los llamados “anexos del cuarto y quinto pasos de AA”, cuya existencia desconoce y rechaza la misma organización, tienen una larga tradición, y vehementes defensores y voluntarios comprometidos, que devuelven la gracia lograda en sí mismos ayudando a otros.

La razón por la que estos métodos “funcionan”, me explica Luis Burguete, especialista en salud mental, es porque la catarsis genera desahogo a través de la culpa, se obtiene el perdón a sí mismo y a los otros, se liberan emociones. Las adicciones, dice, permiten a las personas acceder a su bagaje ontológico o cognitivo sin tanto juicio, la personalidad puede transformarse. El problema surge cuando después de esa liberación se taponan las emociones, el trabajo terapéutico no termina con la catarsis. Además, asumir a Dios como una figura de autoridad que castiga y reprimir mediante violencia física y psicológica puede promover otro tipo de adicciones.

En México, la adicción a sustancias se concibe como debilidad de carácter, se oculta, es tabú, es motivo de vergüenza. Aquellas familias donde ocurre no lo cuentan, o lo cuentan a voces, a veces con culpa, a veces con burla; al tío “borracho” que en las reuniones se transforma y deshace la armonía, se le señala, se le rechaza.

Sin embargo, una adicción es una enfermedad crónica, compleja, que se produce al converger varios factores que la disparan. Los trastornos relacionados con el consumo de sustancias como el alcohol se encuentran clasificados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, aún así, no cambia su percepción en un país en el que el estigma hacia la enfermedad mental es el segundo más alto en el mundo. En este país, además, devoto, en donde la atención a la salud mental está en el último lugar—y una sola consulta con un especialista significa meses de espera en la seguridad social o el costo de la despensa de una familia en la consulta privada, sin mencionar los medicamentos psiquiátricos o una estancia en una clínica—Dios es el único recurso al que, en la desesperación, muchas familias pueden recurrir. No obstante, un porcentaje sin estimación precisa de personas sometidas a las actividades secretas de estos lugares comete suicidio. Ismael ha tenido suerte, aún siendo la Santa Muerte un dios distinto, su terapia le ha funcionado.

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