Ensayo, Mi desvarío, Yo

¿Es la ética una utopía en el mundo actual?

El Comité de Ética de Grupo Imagen Multimedia decidió que el comentarista de Reporte 98.5 de apellido Verdugo fuera suspendido indefinidamente, después de que en días pasados utilizara el espacio al aire de la radiodifusora, para invitar a los radioescuchas a terminar con nueva «plaga» que ronda las calles de la ciudad de México a bordo de una bicicleta, «aplastándolos». En medio de una queja por actos que comentó imprudentes de algunos usuarios del programa EcoBici, instó firme y repetidamente a los automovilistas a lanzarles el vehículo en cuanto los vieran. Continuó en la crítica al programa instaurado por el gobierno del Distrito Federal y a la conducta de los ciclistas.

Inmediatamente surgió un reclamo masivo en las redes sociales, que ha seguido creciendo. Algunos levantaron la voz en defensa del comentarista, en relación a que sus palabras en ese tono eran acostumbradas, que tenía un cierto toque de ironía. Él mismo declaró que fue sarcasmo. Pero en cuestión de la incitación a la violencia, no existen estos tonos. Mucho menos en manos de un personaje que tiene la responsabilidad de un micrófono a de alcance a nivel nacional e internacional y el peso de un medio al que representa.

Fuera de la razón de sus argumentos, como trabajador de una empresa dedicada a la comunicación, el señor adquirió un compromiso que implícitamente estaba ligado a un código de ética y en su caso, a la Ley de Radio y Televisión que prohibe intervenciones como la suya. Una vez más el código de ética de Grupo Imagen estuvo en la mira.

La ética está relacionada con las reglas que rigen la conducta y los actos del ser humano. La figura del código de ética es una representación cultural de un grupo, que está ligada a los usos y costumbres de la mayoría y en lo que ésta acuerda como «correcto» y «permitido» y es de carácter obligatorio cumplirlo para pertenecer al grupo. Es un proceso complejo y hasta violento establecer normas sobre una comunidad cuya formación está basada acciones y pensamiento radicalmente distinto, literalmente en una conversión hacia el totalitarismo.

Para los de pensamiento liberal, un código de ética en su significado estricto, vinculado explícitamente con la moral, con la decisión entre lo bueno y lo malo, no representaría una herramienta valorada. Sin embargo, incluso quien posee el pensamiento más liberal respecto a cualquier tema, se rige tácitamente por su propia «ética», por sus propias convicciones, por su propia moral, por sus reglas. Así sean contradictorias o se contrapongan unas con otras. Aunque el fundamento en el que se base la actividad del grupo represente un daño a otros, se requiere establecer una normatividad interna que lo soporte, un código de honor.

En un ámbito reducido como la familia, en épocas pasadas en nuestro país, existían las normas empíricas, los acuerdos tácitos acerca del comportamiento de los integrantes. La conducta «adecuada» estaba por sentada y se hacía respetar. Sin embargo, en tiempos de redes sociales tecnológicas y bullying, las consecuencias de una serie de problemas sociales que más bien son consecuencia uno del otro (el cambio en la figura de la familia «tradicional», el desempleo, la falta de oportunidades educativas y un largo etcétera), estas normas implícitas se han borrado sistemáticamente. En esto se ha convertido la sociedad moderna. Una gran cantidad de individuos, jóvenes y viejos, que poco a poco vulneran las reglas más simples de su propia comunidad.

No se puede caminar por la vida pretendiendo poseer libertad absoluta en palabras y acciones. Los seres humanos, como seres sociales, requerimos de normas que deben cumplirse, para poder no sólo pertenecer a un grupo, sino de manera básica, para formarlo. Una pareja, un grupo de amigos, una familia, un grupo escolar, una empresa, una organización no lucrativa, una nación. Todos tenemos reglas que cumplir, lo deseemos o no. Es uno de los requisitos para pertenecer y en uno mismo está la opción de seguirlas o no, de pertenecer o ser expulsado.

En momentos en que la eterna lucha por el poder volverá a sus picos más altos, en tiempos de un complicado debate sobre la verdadera libertad de expresión y sus consecuencias y sobre todo, en una época de profunda necesidad de los valores básicos del ser humano, quienes tienen la responsabilidad de representar algún medio, tendrán que pensar mejor las estrategias para plantear soluciones o críticas a los problemas sociales y para establecer posturas políticas.

Verdugo lanzó su opinión en el espacio que le fue proporcionado para otros fines, no como un individuo cuya crítica como ser libre es respetable y sería juzgada o alabada en su entorno personal.

Pero quienes estamos lejos de estos papeles ¿qué tanto nos hemos alejado de nuestro propio código de ética? Recordemos de qué formamos parte ¿de una familia? ¿un grupo académico? ¿una empresa? ¿un vecindario? ¿un grupo político? ¿un país? Con la facilidad en que cualquier opinión puede contaminarse por intereses ajenos y ser desfalcada de su verdadero sentido, más que nunca hay que recobrar con fuerza las propias convicciones en cada uno de nuestros papeles para formar una ética resistente, más allá del juicio de temas polémicos, en el camino hacia la propia integridad, una ética personal. ¿Es esto una utopía?

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