Mi desvarío

Kyan

Nunca supe de dónde salió tu nombre… no quisiste llamarte Troy, no hacías caso cuando te llamaba así.

Te escogí entre varios cachorritos. Algunos estaban dormidos, otros jugaban, uno más sólo tomaba el sol. Te elegí al verte mientras mordías un tenis rojo, supe que eras tú. Soportaste el camino en carro desde Puebla sin protestar y yo no sabía en lo que me metía.

La primera sorpresa, destrozar el oso de peluche que te di para acompañarte  (qué ocurrencia la mía)y para que dejaras de llorar por estar solo, lejos de tu familia… ¡te lo comiste! Después no dejaste de morder todo cuanto estaba a tu paso con una energía enorme para tu tamaño, robándonos a todos el corazón con esa mirada de inocencia. Destrozaste las paredes y la puerta, que aún tiene huellas de tus primeras travesuras. Me desvelaste tratando de sorprenderte cuando la hacías de mecánico debajo del carro, arrancando cables, feliz. Ni el spray, el chile ni el vinagre te alejaron de tu propósito, hasta que la edad hizo lo suyo.

Poco aprendiste en tus clases de obediencia, pero nunca nos importó, eran suficientes tu carisma y ternura. Te convertiste en pieza de envidia de Cookie y casi se muere por eso. Pero después fuiste su razón de vivir y ella, tu líder, tu familia, tu compañera.

Lloraste como nosotros cuando se fue. Quizá te dolió mucho más su partida. Era penoso escucharte noche tras noche vagando en el patio buscándola, con ese aullido en un enorme lamento. ¿Quién dice que los animales no sienten?

Te enfermaste de soledad y de nostalgia, justo en el momento menos indicado para mi. Jamás hubiera imaginado encontrarte así. Un poco más y te nos vas tú también. Compartiste conmigo mi tristeza y entendí que también la mía, como la tuya, se iría en algún momento.

Ahora sigues con esa alegría, con los resortes en las patas que hacen recordar a Tigger, con tu enorme cariño de perro-gato y esas ganas de vivir. Pequeño, me has acompañado en varias etapas de mi vida, me alejé de ti y te he descuidado mucho por falta de tiempo. Mi Kyan, a tus tantos años, eres un perro sin edad, un regalito hermoso y un compañero de vida.

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