Mi desvarío

La afrenta

Agachado, abría su maleta una y otra vez, alternando miradas hacia el cielo, mientras las gotas caían aún ligeras; el semáforo en rojo esperaba. El agua fría mojaba la piel de sus brazos morenos y fuertes.

Cerrando la botella de gasolina, tomó la maleta, el bastón en forma de cruz y el sombrero y cruzó la calle.

El show terminó temprano, una vez más la llegada del otoño imponía la afrenta. Su mirada retadora se dirigió una vez más hacia arriba y se alejó caminando bajo la lluvia.

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